NI LA LLUVIA O EL FRÍO IMPIDIERON QUE SE DESATARA EL INFIERNO
Escrito por Mario González
Las almas penitentes se conglomeraron para un ritual que destacó en melodías provenientes desde el mismo averno, con una salvia de navegación qué destaca progresismo, porque el fuego del Metal avivo una noche de lluvia para que se desatara la locura.

En los espacios entre la oscuridad y el reflejo, otra realidad cobra vida, esta quiere encontrar el camino principal hacia otro plano ancestral. Todo comenzó con un golpe directo al subconsciente, inundando de abstractas alucinaciones a todos los que presentes fuimos imbuidos por los espectrales sonidos.
Absorbiendo el conocimiento de los reinos celestiales, fuimos llevados hacia planos siderales de un reino desconocido que comenzó a tener forma desde los instantes primarios en que Infestation of Death nos entregó los sones que parecieron desfallecer a aquellos que no pudieron ver la hecatombe que se manifestó tras los primeros acordes en ejecución.
El viaje por el cuál fuimos transportados abrieron los portales que cerrados se encontraban, estos dieron paso a lo incandescente, el fuego quemó sin verlo y la sangre se estancó en las venas haciendo del torrente un mar intenso, como una polución interna que en cada respiro fue un pasar directo al cosmos inmenso, este se abrió ante nuestros oídos pudiendo escuchar cómo nuestros sueños orbitan la tierra por el eterno, haciéndonos partícipes de este flujo qué disecciona desde la creación a la funesta extinción.
Desde la tierra sulfurante, desde aquella que levanta designios de muerte a pesar del reinante, emerge una figura que trae catástrofe, acaecido desde los rincones más lúgubre, la luz vuelve a caer, nunca volveremos a ver el amanecer, las armas están entregadas, nosotros fuimos los malditos que dejamos todo a las llamas, la reciprocidad caduco, la factura ya se pasó, pero somos tan miopes e individualistas que no somos capaz de ver tanta miseria
Infestation of Death rastreo diferentes formas de mutilación cósmica en donde las esferas fueron creciendo en la mente universal de la deidad uro bórica.

Weight of Emptines sulfura la tierra como un volcán en plena erupción, con sones que atiborran nuestros sentidos, como venidos desde la vorágine que mantiene el equilibrio del centro terrenal, dónde pareciera más fácil detener los segundos e inundarse de la salvia intrínseca que naturalmente nos proyecta a una catarsis perfecta.
Nos transporta a las profundidades del averno en dónde yace la arcilla negra que al pasar el tiempo se vuelve brava, intensa, cómo esperando esa ebullición que proviene desde las mismas fauces de la tierra, magma incandescente que se abrió paso en una noche que marcó la senda venidera a sonidos que se vuelven esencia, ya que en este camino nos convertimos en polvo por el eterno.
El trino golpea una y otra vez como un hacha en la cabeza de aquellos miopes que no son capaces de abrir los ojos a la ceguera diaria en la cuál se cobijan, mientras Weight of Emptiness nos lleva a escuchar en la nieve, debajo del frío reinante los pasos sigilosos de un viejo que se mantiene quieto por los siglos de los siglos.
Porque lo que propone Weight of Emptiness es un viaje narcótico del cuál es difícil desprender los sentidos, ya que todos los temas se arraigan en cada célula del organismo para contagiarnos de su virtuosismo pletórico, como un enjambre nos vamos inundando de momentos magnánimos, desde las profundas vocales a los intensos guturales, riffs que se vuelven de una intensidad plena logrando una atmósfera que nos sitúa en una intensidad atmosférica.

Fotografías cortesía de Mauricio
