THE KILLER SWORD
Escrito por Mario González
Cuando el infierno golpea la tierra, se abren llamaradas siniestras, desde aquel fuego salen expelidos demonios que comienzan el jolgorio, ese que no tiene fin y que desde el infierno vuelven a tomar su sitial en el transcurso del tiempo para desatar una masacre sin misericordia, UNDERCROFT vuelve este año a golpear la tierra con la furia proveniente desde el mismo averno y con esa furia las llamarada abren el paso para la bestialidad pura de THE KILLER SWORD.


Cultores de aquella brutalidad primitiva, UNDERCROFT recrea esa crudeza sonora inherente e imperecedera tan propia, llevándola a un nivel superlativo, haciendo que volvamos al pasado de violencia con su despiadado Death Metal, que se vuelve de un alto octanaje que sin piedad bombardea tus sentidos, para desplegar con extrema agresividad los recursos que vuelven a cada tema en un martillar directo a la vena, buscando las plegarias de los cobardes, haciendo caer al creyente miserable.

THE KILLER SWORD nos inunda de una pestilencia nauseabunda que emerge desde la repulsividad extrema, dotando a su esencia de ese vigor primigenio, que brota desde los mismos cimientos del inframundo, es como resurgir el averno desde un descanso eterno, volviendo a la existencia a los demontres que vienen silentes desde los tiempos arcanos para inundar estos páramos de una nueva plaga volviéndolas más nauseabunda y severa, llevando en sus lomos toda la magnificencia de la tierra que desde ahora jamás dejará de arder.

UNDERCROFT nos entrega un terreno fértil, en el cual desata una atronadora tormenta con despiadados y bestial cortes, haciendo que la luz del día se tiña de una oscuridad fosca, impulsando feroces e impías incisiones, dejando de lado la sutileza, desplegando furia la eterna, no esperes que el ataque merme, por el contrario, cada canción es un golpe a la maldita existencia de los débiles, que solo verán cómo se vuelven cenizas la falsedad que han construido a lo largo de su existencia.

THE KILLER SWORD es sulfuroso, violento, fulminante y provocador, entrando como una droga a tu torrente SANGUÍNEO comenzando a corroer todo tú nauseabundo organismo, oscuridad maligna de sortilegio perpetuo, que va perdurando hasta los confines del tiempo, llamarada de destrucción que basa sus cimientos en la crudeza y putrefacción, encumbrándose como un disco enérgico, vitoreando destrucción y muerte, sembrando cuerpos inertes, que serán acopiados bajo el soliloquio del funeral impertérrito.
