CHILE TERRORFEST DÍA 1:
CRÓNICA DE BRUTALIDAD, CAOS Y MAESTRÍA SÓNICA
La primera edición del Chile Terror Fest irrumpió con una fuerza arrolladora, reuniendo a bandas extremas de distintas décadas y géneros. Desde los ataques thrash más veloces hasta las formas más primitivas del black y brutalidad del death metal. Ell festival ofreció un recorrido total por la maldad en todas sus variantes.
El sonido del Teatro Caupolicán se mantuvo poderoso durante toda la jornada, permitiendo que cada riff, cada blast beat y cada alarido emergiera con una claridad feroz, sin perder la crudeza necesaria para un evento de estas características.
Escrito por: Nayade
Fotografías por: Luis Yañez
MAYHEMIC
Los chilenos Mayhemic abrieron el festival con un golpe devastador. A las 18:00 hrs, arrasaron con un sonido brutal y nítido, donde el thrash se mezcló con influencias de death y black metal sin perder precisión ni contundencia. A pesar de su corta carrera, ofrecieron treinta minutos de ferocidad controlada, apoyada por una calidad de audio que realzó cada riff y cada blast beat con una claridad casi intimidante.
“Kollarbone Crushed Neanderthal” marcó el inicio de un ataque frontal: riffs afilados, velocidad inhumana y una atmósfera apocalíptica. Con “Extinction & Mystery” y “Valley of the Tundra” profundizaron en terrenos más ásperos y despiadados, donde la mezcla de blackened thrash y brutalidad death metal mostró su cara más corrosiva.
Con la interpretación de “Toba”, dedicada a un amigo que ya no está en este plano, la banda imprimió una profundidad emotiva que contrastó con la brutalidad que marcó el resto del set.
El final con “Shaking Ground” y “Volcanic Blast” fue un verdadero terremoto metálico: devastador, contundente y preciso. Mayhemic demostró que su ascenso en la escena del metal extremo chileno y mundial es totalmente merecido.

E-FORCE
Con el telón de “E-FORCE – Voivod Revisited” desplegado como declaración directa de intenciones, Eric Forrest, ex‐vocalista y bajista de Voivod, irrumpió en el escenario a las 18:50 hrs al mando de una banda que asumió con precisión quirúrgica el desafío de revivir la era más oscura, experimental y agresiva del grupo canadiense. El set estuvo dedicado a los discos Negatron (1995) y Phobos (1997), dos obras de culto que marcaron un viraje hacia un metal futurista, disonante y abrasivo.
Desde el primer compás, el bajo devastador de Forrest dominó la mezcla, imponiendo un pulso mecánico y opresivo que definió la atmósfera del concierto. Su ejecución fue densa, filosa y saturada. Y funcionó como eje gravitacional alrededor del cual giró una performance implacable.
El recorrido por esta etapa incluyó descargas como “Rise”, “Project X”, “Mercury”, “Nanoman”, “Planet Hell”, “M-Body” y “Meteor”, tema que marcó uno de los momentos más intensos y cargados de thrash del set. Cada corte fue interpretado con una fidelidad brutal al espíritu original, pero con una energía renovada que encendió a quienes veneran este capítulo más extremo de Voivod.
Antes de despedirse, Forrest agradeció al público con un sincero “Este show es para ustedes”, para luego rematar la jornada con “Insect”, una auténtica detonación de distorsión futurista, métricas quebradas y agresión industrial que dejó vibrando el recinto.

SKELETAL REMAINS
La irrupción de Skeletal Remains en el escenario provocó un viraje instantáneo en la atmósfera: el ambiente se volvió más pesado, la distorsión adquirió un tono aún más pútrido y la batería comenzó a golpear con una ferocidad casi inhumana. El espíritu del death metal de la vieja escuela, representado a través de la técnica y agresividad de una banda moderna, estalló con un sonido brutal, grueso y cavernoso, pero a la vez perfectamente calibrado. Las guitarras afiladas cortaban como sierras industriales mientras el bajo rugía con una profundidad que hacía vibrar el suelo.
El set avanzó como una avalancha: “Void of Despair”, “Beyond Cremation”, “Relentless Appetite”, “Catastrophic Retribution”, “Congregation of Flesh”, “Evocation” y la implacable “Unmerciful” desataron un festival de riffs ciclónicos y blast beats que arrollaban todo a su paso. Chris Monroy, completamente desatado en voz y guitarra, lideró una presentación donde la técnica y la violencia fueron de la mano sin perder jamás coherencia ni potencia.
La respuesta del público fue inmediata: mosh pits en constante movimiento, headbanging incesante y una energía colectiva que no decayó ni un segundo. Skeletal Remains entregó un concierto perfecto.

TRIUMPH OF DEATH
HELLHAMMER
Tom G. Warrior y Triumph of Death tomaron el escenario a las 21:00 hrs, lo que dio comienzo a una ceremonia de culto a los orígenes del metal extremo. Con una interpretación oscura, recrearon la crudeza primitiva de Hellhammer con sorprendente fidelidad.
Temas como “The Third of the Storms”, “Reaper” y “Triumph of Death” provocaron una reacción casi hipnótica en el público, que observó con reverencia este repaso a los inicios más primitivos y brutales del género. Tom dominó la escena con presencia solemne, proyectando un poder ancestral.
Con un set oscuro, violento y de enorme carga histórica, transformó el recinto en una catedral de metal extremo.

MAYHEM
El plato principal llegó cuando el reloj marcó las 22:30. Tras un video con imágenes de Dead, Euronymous y los primeros años de la banda, Mayhem descendió como una tormenta. Con 40 años de historia, la banda logró combinar la crudeza clásica del black metal noruego con una calidad sonora moderna y aplastante. Cada rasgueo sonaba como una sierra oxidada, cada golpe de batería como una detonación, cada grito de Attila como un espectro emergiendo entre las sombras.
Repasaron toda su discografía desde los álbumes más actuales hasta llegar a los viejos clásicos. Desde Malum, pasando por Psywar, Chimera, Ancient Skin y la monumental Freezing Moon, el público vivió un trance, con imágenes de guerra, muerte y caos proyectadas en pantalla. Attila, cambiando de vestuarios y usando un cráneo en De Mysteriis Dom Sathanas, elevó la teatralidad a un nivel sobrecogedor.
El Encore fue histórico: Messiah y Manheim se unieron para revivir Deathcrush, “Chainsaw Gutsfuck”, “Necrolust” y Pure Fucking Armageddon, sellando un momento irrepetible para cualquier fan del black metal.
Un cierre perfecto: brutal, ceremonial y devastador, como un eclipse sonoro.

