GRAVE:
EL SEPULCRO DE HIERRO QUE
GOBERNÓ EL INFIERNO SANTIAGUINO
Escrito por Mario González
Fotografías por Rubén Garate
Ayer dentro de las paredes del RBX se vivió una hecatombe en dónde se exhaló miasma en estado puro, vapores sulfúricos desde las mismas nauseabundas criptas de antepasados malditos y el olor de la bendecida muerte clausurando nuestros sentidos. El ritual de la vieja escuela descendió sobre Santiago como una jauría hambrienta de vísceras podridas, un aquelarre donde la vida se rindió ante el imperio absoluto de la muerte y la podredumbre.
Lo de anoche no necesitó parafernalia ni preámbulos, cuatro jinetes del abismo fueron destruyendo cada atisbo de vida y progresivamente el rostro de la muerte corrigió su severo gesto para sonreir con la satisfacción absoluta de que gobierna sin restricción absoluta.
GRAVERED
La furia se hizo presente con una descarga de puro odio a la vida, su ejecución fue un martillo despiadado golpeando lápidas, velocidad, crudeza y una urgencia visceral que demostró que el metal chileno escupe sangre con orgullo y maestría.
Crudeza seca en donde los riffs avanzaron con la aspereza de una superficie corroída, cada mazazo sostuvo la bestialidad de una maquina demoledora, lacerando cada maldita alma que llegó desde temprano en una ciudad dónde el cielo se caía a destajo.

GRAVERED entrega una sensación de materia que esta en completa ebullición, nos inunda de una pestilencia nauseabunda, que emerge desde la repulsividad extrema, dotando a su esencia ese vigor primigenio, que brota desde los mismos cimientos del infierno, haciendo resurgir las llamaradas de la malsanidad para extraer desde la ultratumba los despojos putrefactos del mal.
NECROFAGORE
Desde las entrañas místicas del Perú, abrieron las puertas del inframundo con un denso castigo a la humanidad, en el escenario la bruma de los cementerios Incas llenó de pestilencia cada rincón de este maldito planeta, ejecución áspera, visceral y carente de cualquier atisbo de piedad, la banda convirtió el recinto en una morgue atiborrada de cuerpos malolientes.
Cada asonada hacia regurgitar la tierra golpeando cada ataúd plantado en las puertas de la inexistencia, mientras la densidad raspaba el ambiente con la textura de la carne desprendiéndose de ligamentos agusanados.

NECROFAGORE colmó la noche con acordes que cortaban como obsidiana ceremonial el poco aire del lugar, invocando sombras ancestrales que prepararon el terreno para el holocausto de lo divino.
UNDERTAKER OF THE DAMNED
Directo desde el norte chico, el culto desplegó su estandarte de blasfemia con una presentación cargada por el huracán profanador de la existencia, de odio milenario y ritos que desplegaron el odio al supuesto creador, profanando el aire espeso, irrespirable y listo para una demoledora emancipación.
Toda la tirria y destrucción se cerró sobre las cabezas de aquellos quejumbrosos beatos que en estado de perdición dieron rienda suelta a la perversión, la sangre corría por el pelotón, transformando la sala en depósitos de vísceras, restos de cuerpos y almas perdidas.

UNDERTAKER OF THE DAMNED desató la maldad innata que es inherente en cada ser viviente colocando las notas podridas que convirtieron este ritual en un estigma sin piedad.
GRAVE
Los suecos pisaron el maldito RBX portando esa formación histórica, el núcleo primigenio que parió al monolítico devastador haciendo colapsar un lugar que pudo sortear a la presencia del mal, abriendo la fosa común en donde los muertos volvieron a pulular sobre un Santiago que entendía que la bestialidad es inherente al caminar sobre una ciudad marcada por la sangre de millones de penitentes. La ultratumba cavernosa atiborró una noche de lluvia y sudor, como un tractor aprisionando cuerpos mientras el cielo lloraba las almas caídas en la batalla, vomitando bilis, infectado a la maquina de la muerte como una motosierra cargándose de una miseria que retumbo en la cabeza de una fanaticada en llamas.

Como una secuela gore que desprende virulencia, odio, muerte y rencor, GRAVE abrió un portal a esa dimensión que habita siempre en nosotros, en el colectivo, a la vista y paciencia de todo el mundo, solo que se mantiene dormida, ya que late parsimoniosamente como una animal en busca de su presa, trata de mimetizarse con el entorno pareciendo pero el desenfreno siempre exige y como un mantra que carcome los sentidos, el ritual demanda sangre, cuerpos, vidas desgarradas en el último suspiro, sacrificios humanos que acallen el apetito y la sed por el placer que se perpetua por el eterno.
En el moshpit los cuerpos chocaban en un frenesí bestial, una masa sudorosa poseída por el trance provenientes desde las mismas catacumbas, los golpesos tambores cayeron como estacas directo al corazón de una noche que exigía destrucción. Grave se alzó como una bestia sedienta de sangre, que se mutila constantemente, bebe de su propia estirpe con una autoflagelación inquebrantable, el resultado de aquellos momentos de tortura y castigo es una soberbia presentación, hemoptisis perdurable que en cada canción fue inundando de quiebres cerebrales, hemolacria doliente e infatigable, la sed de sangre se manifiestó constantemente en una vorágine llena de hematidrosis fulminante.
Anoche la Sala RBX no fue un simple recinto, fue una tumba abierta sin fondo, un altar de carne pestilente y culto impío donde el Death Metal de la vieja escuela, demostró que cuando nace de la ciénaga original, jamás muere, solo se vuelve más hambriento y miserable con el pasar del tiempo.

