ALBUM REVIEW: ATER ´SOMBER´
Escrito por: Mario González

Ocultando la luz que se abre paso en la fría y oscura noche, como lobo que acecha a su presa a través de los márgenes imaginarios impuestos por costumbres que pronto se van a romper, ya que los márgenes son para romperlos y así trascender en este mar que es besado por la luna que inquieta hace que la marea continúe su curso sereno, pero que con Somber se pone brava desde el primer segundo.
Ater se vuelve vil a cada paso que damos en conjunto con el rebaño que trae sombras a los días de sol inclemente, borrando la vida que se beneficia del astro rey que prendido en el cielo comienza a desfallecer. Somber nos calma la sed de sangre que vamos cargando, es que a cada paso nos transformamos en bestias sedientas de almas puras e impías, para así continuar con lo macabro que inunda cada nota esparcida con rabia por siglo de los siglos, volviendo a ser los portadores de la eterna noche.

Somber nos revela que el fin está cerca junto con el trazo que vamos dando a la trágica muerte que el vuelo de socorro no es capaz de detener a tiempo, mientras los vientos ensordecedores que Ater va descollando hacen insalvable la pequeña luz de vida que va quedando, como becerros vemos marchar a ese gentío sin igual, llenos de miseria y dolor, que solo la muerte será su salvador.

Somos obligados a ignorarnos ya que el camino es unitario, lo colectivo se está perdiendo con el ocaso del cielo, para sobrevivir egoístas debemos crecer como un sacrificio que realza la llama integr,a que prospera en el centro del individualismo, míralo como quieras pero el camino solitario trae recompensas, cada riff es una daga al colectivo a ese que emerge dentro de becerros malolientes, esa comunión es penosa porque no cuestiona en absoluto manteniéndose entre los márgenes cegadores, es ahí donde Ater ataca con virulencia para despejar cualquier duda de existencia.
Ater en Somber es capaz de correr el velo y ver más allá de lo que acostumbramos, sembrar el caos y recolectar vestigios desde la misma muerte esa que nos hace adentrarnos por meandros de intensa oscuridad, que no permite ni un atisbo de luz reinante, todo lo contrario, la sombras se vuelven dueñas de nuestras almas para hacer con ellas amasijos de lamentos que llorarán por el eterno.

Ater nos inyecta sones de una intensa lobreguez que son el regocijo para todos aquellos que nos adentramos en este rito, la oscuridad perenne se hace dueña de cada rincón en el momento justo en que Ater comienza su invocación siendo una amalgama de ferocidad con distintivos matices que lo envuelven en un sello particular, navegando por un mar que por momentos es sinuoso pero que a los segundos se vuelve intenso, bravo y nauseabundo.
Cada minuto que pasa nos transporta sobre un mar negro que se alimenta de los caídos, de esos seres dolientes que se vuelven penitentes, personas cobardes que no son capaces de mirar más allá de su entrecejo y prefieren seguir nadando en su propia e infectada vida, de esos nimios esbirros se alimentan los efluvios de negro carmesí qué se vuelven opresivos por momentos llenando de angustia los sentidos, enigmáticos sones que nos embadurnan de un pasado que se hace presente para descubrir el legado que Ater comienza a cimentar, creando un monolito de poder absoluto que deja sin aliento al maldito creyente que sigue la senda del cobarde penitente.
