CHARGOLA FUCKING FEST
EL AVERNO SE ABRIÓ PASO SOBRE EL INVIERNO CONGELADO
El 15 de agosto del 2026 presenció una noche como ninguna. Un encuentro en donde la capital precipitaba a cántaros pero el Cariola se incendiaba entre riffs y poderosos gruñidos.
El Chargola FuckingFest abrió sus puertas en una nueva edición la cual dejó cientos de engendros qué sedimentos de Metal Chileno dieron rienda suelta a la malsanidad extrema.
A continuación les dejamos nuestras impresiones:
Reseña por Mario González
Fotografías por Fotos Metal

Sobre el escenario RITUAL HEIM descarga todo su poderío que brota a raudales con una furia ingobernable para aplacar a aquellos malditos que siguen avalando una fe que es cada vez más egoísta, cayéndose a pedazos y solo buscan perpetuar sus privilegios acentuando el vacío sobre el resto.
Ritual Heim, hace hervir la sangre y el dominio demostrado en escena hace notar el bagaje que cada integrante lleva en el cuerpo, entregando nuevos bríos para enfrentar la fría tarde que inundó Santiago. «Extinción» fue el momento de mayor furia en dónde la banda y los malsanos, que aunque pocos, hicieron vítores catárticos haciendo que la tierra se elevara en plegarias para enrostrarnos la ceguera con que vivimos y continuamos nuestros días.
De sonido potente y un estruendoso comienzo, la banda encargada de abrir las puertas del averno demuestra que las llamas se encuentran en sus letras llenas de furia. El ritual es nuevo pero la profecía es longeva y primitiva; el color de su cadencia es perpetuo e implacable y así lo recibe la audiencia que fieles a sus creencias llega temprano al templo que los alberga.
El fraseo acelerado de sus temas es el aperitivo perfecto para un festival que invita a lo crudo y maestro que se tiñe color Metal. RITUAL HEIM descargó toda su potencia en un Teatro Cariola que lentamente comenzaba a llenarse y el mazazo fue directo al cráneo dejándonos encendidos desde el comienzo.
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Un golpe al mentón de puro Melodic Death Metal conteniendo esos tintes de brutalidad desmedida que le entregan características propias al sonido de apertura de este blasfemo y maldito festival de Metal extremo. IN COLD BLOOD hace su entrada a la tarima luciendo vertiginosos, violentos e inyectando constantemente ínfulas de un vehemente sentir. Ese sentir que hace que, desde el fuego, esta sociedad enferma limpie sus malditas culpas. Una pira donde los malditos hipócritas caerán por siempre a las llamas que nunca se extinguen gracias a los riffs acelerados de sus composiciones.
Una piroclástica presentación que nos iluminó desde las llamaradas ardientes, cuyos elementos subversivos estuvieron en constante ebullición, explosiones lacerantes son las que detonan a cada segundo, inclementes cambios hacen de la sonoridad un miasma de pura agresividad. La chispa que desata el infierno, por momentos de medio tempo, libera toda esa técnica en velocidades inauditas, mostrándonos de excelente manera esa veta melódica con la vena explosiva, sinfonías violentas, riffs enfermizos y guturales que producen escalofriantes pensamientos en los cuales se manifiesta ese lado maldito y asesino, para llevarnos a una locura siempre endemoniada.
La sangre podrá estar fría, pero la agrupación la hace ebullir con un resonar estruendoso de sus instrumentos. Cada golpeteo de las baquetas es una señal de demostración de potencia, puesto que lo melódico se convierte en caos, en dominio y autoridad ante el respetable que cada vez completa más la cancha del teatro.
El death metal de IN COLD BLOOD no solo se escucha, sino que también se siente en la carne viva que los presentes reciben cada latigazo de sones a lo largo de toda su presentación.

Es el turno de MARTILLO EJECUTOR, quien no da paso a la calma.
Su música es dónde la soterrada ausencia de luz no da tregua, emergiendo la abominación sobre la tierra. Martillo Ejecutor aplaca todo intento de escape de expiación por tu alma desdeñada, siendo un lacerar constante sin piedad de suplicas sin fundamentos, en donde aquellos que conviven con el miedo sucumben sin miramientos gracias a su música.
Con una bocanada de nauseabundo metal, MARTILLO EJECUTOR huele a vísceras y entrañas, en dónde la demencia es el halito que recorre la mente que se vuelve enfermiza, cuerpos desmembrados, tortura maligna, todo es posible bajo el manto desquiciado de la vida. Guturales de ultratumba y un machacar interminable, MARTILLO EJECUTOR se vuelve demencial formando una orgía necrofílica con partes de cuerpos mutiladas y podridas, sangre a raudales inyectadas a los oídos del respetable, la noche no paró de golpear en un bucle lleno de perversidad.
MARTILLO EJECUTOR nos llama a admirar la muerte, a ver ese final como un ritual que no ha terminado y que solo nos muestra un cielo que se desangra encaminado, la locura inunda los pensamientos para desencadenar una debacle que por tantos años lo ha atormentando. Es ahí donde el lapso de vida llega a su final y solo te queda aceptar como tu compañía ese martirio que se vuelve ritual.
«El final es inevitable en el cual pronto sucumbirás, acabaras en los brazos de la muerte y en un necrófilo final el tiempo se extinguirá, veras que con cada riffs la claustrofobia te dominará, ya que no existe salida ni menos el perdón, es solo la muerte acechándote en cada rincón.»
Convocamos a la muerte donde los simples mortales tiemblan al verle, ya que el paraje se llena lánguidamente de almas en penas y viseras ardientes, siendo el constante ritual al que somos llamados a una llamarada vigente de sangre que violentamente sale de cuerpos devorados incesantemente.
El blast beat que llega de Calama no sucumbe a oídos delicados y en siamesa concordancia con la voz y las cuerdas provocan estrepito en la escena.
No existe academia donde contener el golpear del Martillo que no cavila sobre cómo debe sonar un buen death metal: Tronante, estruendoso y ensordecedor.

Un furioso rayo golpea la tierra abriendo el suelo, cómo una llamarada en descontrol inunda el campo con todo el fulgor, haciendo arder la planicie, el escepticismo recorre el cuerpo y estupefacto sientes como las llagas se van sulfurando.
Muchos no creen lo letal del rayo que con un cegador resplandor incita todo al rededor, inyectando furioso Metal la sangre proterva emerge en descontrol.
Las ráfagas son incandescentes, no paran de entregar un trueno estrépito que nos llama a un ataque desenfrenado que se vuelve invencible, comenzando el ritual que proviene de la rebelión de unas filosas guitarras, que nos marcan el camino lleno de un imparable ruido que se transforma en un prístino, soberbio y duro Metal. Es ABERRACIÓN quien suena estridente sobre la tarima.
ABERRACION es una bocanada que inunda el alma de ráfagas furiosas que muestran lo incansable del metal, que va destruyendo esos malditos estereotipos que se destruyen al escuchar cada canción que se despachan con tremendo fulgor, acelerando el camino que lleva a esos campos traviesos. Porque lo sulfuroso de ABERRACION está impregnado desde sus líricas a cada riffs con que desatan una energía que explota desde lo más recóndito nos inundó de filoso Metal, volviendo los sones impulsivos que se arraigaron en la piel machacando sin contemplación, cómo el sudor que se va expeliendo nos irradia un placer inexorable al tiempo.
Con más de 10 años de trayectoria, los santiaguinos saben su trabajo y lo ejecutan de la manera más prolija que pueden: Un sonido robusto, intenso e inquebrantable. Cada resonar dominante es una declaración de ímpetu que se transcribe en las aceleradas guitarras o en la inalcanzable batería que parece una ametralladora.
Aberración quiere que despiertes y lo hace con el rugir de su música tan eficaz como un rayo al caer sobre un árbol. Ya no queda señal del frío, solo el abrazador calor del inframundo en el que se convierte el Cariola con el paso de la banda. La música colisiona con cada rincón dejando a los asistentes ensordecidos y sedientos de más.

La declaración de herejía sigue su curso con los primeros acordes que NECRODEMON expele a penas pisa el escenario, volando la cabeza de los presentes que insanos se vuelven, demostrando que Necrodemon se erige más fuerte y agresivo que nunca, con el estandarte del clásico y demencial sonido que los ha caracterizado narcotizaron el aire de un pestilente incendiario.
Acto impío, muerte, sangre y tormentos, ataques cada vez más directos a la curia, a esa bastarda secta que fue creada solo para usurpar débiles mentes. Como siempre la proclamación fue fuerte, clara, mandando a la mierda a todo creyente que se flagela con el éxtasis que le producen sus lascivos pensamientos.
NECRODEMON no defrauda en ningún momento, recorriendo su discografía pasada y su presente trabajo para quemar los oídos de los miopes de siempre. Necrodemon es despiadado, desgarrador y sanguinario de principio a fin, la bestialidad está presente en cada momento en dónde la intensidad llega a cada maldito presente provocando headbanging inclementes.
La llamarada persevera en cada golpe que se vuelve incesante que con virulencia se manifiesta, en donde las bestias renacidas llenas de almas negras, inundan de dolor a los malnacidos en el temor, es por ello que emergen sus plegarias silenciosas representando el horror corroído.

NUCLEAR está libre de cualquier sinuosidad, quietud y sosiego, porque aquí la dura realidad que se vive ha diario es la inspiración para cada bocanada llena de diatriba que muestra la mierda tal cuál es, sin atisbo de menguar en ningún momento, cada riff es una daga directo al sistema que se desangra con miseria.
Banderas negras alzándose en guerra, en el inconsciente del imaginario colectivo que presenciamos la destrucción de un sistema enfermo, en líricas que se escribieron con sangre de un pueblo, que en conjunto con los sones infernales siguen mordiendo a un gobierno cobarde.
Acá se te acelera el pulso, la taquicardia comienza a hacer estragos, tu cuerpo se vuelve un constante moshpit andante y el lacerante headbanging no da tregua, el pulso se acelera inmediatamente a 180 y quieres destrozar todo, encontrarte con un maldito negacionista en la calle y reventarle la cabeza a punta de combos en el hocico.
NUCLEAR es crudo, impetuoso y vehemente que constantemente va haciendo merma en las mentes enfermas, aún terminando su presentación vuelves una y otra vez a esos coros que tiran mierda a esta sociedad enferma, por lo mismo sigue sonando en tu cabeza, se manifiesta en cada paso que das durante el día y te acompaña como un himno de batalla.
Nuclear nos trae siempre ese Thrash Metal del clásico, vieja escuela pero con el sello único que la banda le ha entregado durante más de veinte años a se machacar constante.
Como cada presentación de Nuclear conlleva una tremenda carga, en donde la crítica a este maldito sistema es palpable en cada nota, en dónde las vociferaciones pregonan un urgente cambio y es ahí dónde nos llama a ser partícipes a derribar tanta escoria sentada en sus tronos.

Las viejas glorias abren las puertas del averno, con nuevos aires que hacen golpear al infierno y desde esa bocanada, se abren nuevas llamaradas que son aún más siniestras, desde aquel fuego salen expelidos demonios que comienzan el jolgorio, ese que no tiene fin y que arriba del escenario comienzan una masacre sin misericordia.
UNDERCROFT nos hace un viaje por su pasado y su presente lleno de violencia con su despiadado Death Metal, que se vuelve de un alto octanaje, sin piedad bombardea tus sentidos, para desplegar con extrema agresividad los recursos que vuelven su presentación en un martillar, que solo busca tus plegarias y vuelvas a caer en las llamas.
UNDERCROFT es sulfuroso, violento, fulminante y provocador, entra como una droga a tu torrente sanguíneo comenzando a corroer todo tú nauseabundo organismo, oscuridad maligna de sortilegio perpetuo, que va perdurando hasta los confines del tiempo, llamarada de destrucción que basa sus cimientos en la crudeza y putrefacción, encumbrándose como una presentación enérgica, vitoreando destrucción y muerte, sembrando cuerpos inertes, que serán acopiados bajo el soliloquio del funeral eterno.
Sin rastro de humanidad descabezaron a todos los asistentes, hasta el momento habíamos sido testigos de un choque dantesco, UNDERCROFT es un arma de destrucción masiva en donde un incesante mosh se levantó como un intenso vendaval lleno de furia, con la sangre por sobre la cabeza tiñeron de un rojo intenso toda la jornada.
Todo fue una masacre mientras la banda enardecía al respetable, a esa horda de malsanos que se hicieron presente en una jornada pulcra y de excelente metal chileno.
