SOUTH AMERICA TOUR 2026

Desde las profundidades de Finlandia,
vuelve a Chile este 23 de octubre para transformar el sonido en una necrópolis de cuerdas,
humo y ecos inmortales con:
Plays Metallica Vol. 2.
Hay sonidos que no pertenecen a este mundo.
Parecen venir de catedrales hundidas bajo el hielo,
de funerales celebrados hace siglos en lenguas olvidadas,
de un lugar donde la belleza y la muerte
aprendieron a caminar juntas,
es por ello que este no será solo un concierto,
será una vigilia para los condenados.

Hace más de treinta años, en la fría penumbra de la Academia Sibelius de Helsinki, cuatro músicos clásicos cometieron una herejía hermosa: arrancaron las canciones de de la electricidad y las enterraron bajo capas de melancolía, oscuridad y dolor ceremonial.
Lo que emergió no fue un tributo. Fue un espectro nuevo. Una criatura hecha de metal y música clásica respirando entre ruinas.

Desde entonces, Apocalyptica ha vagado por el mundo como una procesión fantasmal, convirtiendo himnos de guerra en elegías funerarias. Sus violonchelos no suenan humanos: crujen como puertas oxidadas de criptas antiguas, lloran como ángeles mutilados y rugen como si el propio invierno estuviera arrastrando cadenas sobre tumbas abiertas.
Con más de seis millones de discos vendidos y colaboraciones junto a figuras como James Hetfield, Rob Trujillo, Till Lindemann, Corey Taylor y Dave Lombardo, la banda construyó un universo donde la música parece suspendida entre el apocalipsis y lo sublime.

Y ahora, con Plays Metallica Vol. 2, esa oscuridad alcanza una forma todavía más monumental.
Producido por Joe Barresi, arquitecto sonoro detrás de entidades como y, el álbum convierte canciones como “One”, “Master Of Puppets”, “Creeping Death” y “The Four Horsemen” en misas negras de belleza devastadora. Cada nota cae lenta y pesada como ceniza sobre un paisaje muerto. Cada melodía parece el último suspiro de un mundo consumido por el fuego.
La participación de Rob Trujillo en “The Four Horsemen” funciona como un sello ritual entre dos fuerzas que llevan décadas alimentando la misma llama: la necesidad de transformar el dolor en algo eterno.

Cuando las luces desaparezcan en Cariola y el primer arco roce las cuerdas, el tiempo dejará de existir.
Solo quedará el sonido.
Oscuro.
Frío.
Inmenso.
Como el eco de una civilización desapareciendo bajo la nieve.
📍 23 de octubre — Teatro Cariola
🎟️ Entradas vía Passline desde el 25 de mayo — 10:00 AM

