SHADOW OVER WISBORG
Escrito por Mario González

Un ser imperecedero surca el cielo, narcotizando el aire de su infesta solemnidad, se siente sulfuroso, un poder maligno invade los rincones para corroer los caminos, mientras lentamente comienza a invadir tu interior, sigilosamente envenena tu sangre y lo que alguna vez se elevó ahora se destruye desde los cimientos que soportan la vida de los cobardes que cierran los ojos a los vejámenes cometidos por aquellos que se escudan bajo la sotana de una iglesia que arde en llamas.
Ese que fue expulsado y que ahora camina por lo etéreo, cada alma lo va temiendo por los caminos donde sus ojos hacen merma posando se en aquellos débiles que no recuerdan, lanzando al olvido los temores que ahora les golpea en el pecho, aquellos son apartados y maldecidos cayendo en el poder que los sones de SHADOW OVER WISBORG abre en su anaquel, son la vergüenza que venera por miope pero la sombra que los destruye aunque algunos sigan orando en el púlpito de sus iglesias, con su cara sonriente, malditos seres cobardes son los que abusan de los débiles, para luego golpearte en el pecho con la cruz que arrastras desde tu lecho.

El denso aire es pestilente,
nos trae mensajes de muerte,
el hedor se siente desde los primeros acordes,
cuando los lacerantes riffs te desgarran lentamente
como aves de carroña dándose un festín
tu cuerpo solo sirve para seguir alimentando
a ese ente que no tiene saciedad conocida,
porque solo logras ver un reguero de sangre,
cuerpos diseminados sobre el pavimento
desde donde se erige aquel monolito despiadado,
IMMORTUUS,
que nos habla de blasfemia y muerte,
la calma que por momentos parece dominar los sentidos
que se agudizan desde todo el narcótico trabajo.
IMMORTUUS es el demonio que surca los cielos para destruir al doliente que pide por su muerte, todo se vuelve sufrimiento, martirio y suplicio, es un ataque constante en donde presenciamos cómo van cayendo despojos de miles de cuerpos, que desde las ráfagas disparadas desde la pestilencia paralizan cualquier noción de cordura, el nosophoros entrega un masacrar constante que carcome la vida de los malditos pusilánimes.

