DIE ALONE
Escrito por Mario González
Un narcótico despertar golpea nuestra mente, el camino se ve difuso cuándo se escucha un hipnótico riff que tortura de placer cada centímetro de nuestro organismo, es como despertar en ese antro único de lascivo excitar, cada fibra se superpone sin misericordia en la lucha por beber del afluente que carcome las buenas costumbres, cada golpe se siente más fuerte en el pecho, es el llamado para unirme a un viaje único y descontrolado bajo los elixires provenientes de las entrepierna de cientos de doncellas que vuelven al sacrificio por el bien del pueblo que solo siente deseos impertérritos.


Loud nos condena por el eterno a recibir sus efluvios lacerantes, proyectando toda su inclemencia en candentes hondonadas de ferocidad eterna, radiación cautivadora, hechicera y seductora, Die Alone demuestra todo su tremendo cautivar en una placa hipnotizado en su oscuridad severa que desde la lesividad perenne vuelve a la vida a todo muerto que deambula sobre el limbo como un eclipse de espiral punzante, es la muerte que nos llama a sus brazos para caer rendido en el ritual letárgico.

Por su propia naturaleza, Die Alone desafía nuestras suposiciones y nuestros miedos a esos caminos que se vuelven variopintos ya que nos enloda para ir más allá del tipo de imaginario taxonómico del imaginario común, sin embargo, a pesar de la resistencia de aquellos que siempre quieren encasillar los sonidos, Loud logra liberarse del encasillamiento, aunque no faltan los que quieren que todo sea dogmático para así hacer más fácil el cuadrado, existen tipos estilísticos y un sonido completamente identificable, eso juega a favor ya que vuelve cada armonía un elixir familiar y pesadillesco.

Los principados de la adversidad recorren nuestros sentidos, impregnando la salvia de muerte y caos, Die Alone lo hace con clase magistral en un culto que traspasa fronteras, el tiempo y la vida, decir un céfiro al lucero del alba que nos lleva al pasado que se entreteje con un poco de actualización sonora que se vuelve seductora y radical, condimentando todo con lo suficiente de su propio sazón para hacerlo distintivo.
La sangre ponzoña que recorre cada melodía narcotiza cada segundo en
Die Alone, inundándonos de oleadas con una intensidad pura que refleja los ecos del caos destructivo, Loud nos entrega un camino que se inclina hacia lo psicodélico que se nutre de las penumbras que se llenan de la salvia de un saber que para algunos es amenazante, logrando que sea igualmente experimental y completamente enigmático.
