La cruz del nazareno ardió bajo la maligna lluvia negra de Santiago
Escrito por Mario González
Fotografías por Diego Presserg

Las cúpulas de concreto alzaron los cuernos para recibir a las hordas qué entrelazaron maldiciones y tormentos, formando un pacto milenario donde el fuego nórdico y la furia de la cordillera se entrelazaron en una danza maquiavelica con almas entregadas a la pira sangrienta.
THRONE OF EVIL

Cuando en una fría y miserable noche los riffs densos, pesados y altivos se cuelan desde los parlantes para ahogar miles de gargantas que claman por el crudo camino, la eterna noche se hace presente para cubrir los nefastos designios.
Tormenta de arena negra con sinfonías gélidas que descendió sobre el escenario como un maldito presagio, el signo de la oscuridad reinó desde el primer segundo, desde las profundidades emergieron sones que parecen quemar nuestros pensamientos, mientras nuestra mente sumergió en los avasalladores golpes que se funden en cada tema que no entrego clemencia alguna.
Perversidad invernal que nos llegó desde los campos nevados y llenos de olvido, bosques oscuros atiborrados de espíritus malignos, de corrientes subterráneas que llamaron a la muerte emanada desde la flama congelada, presentación cruda que viene a evocarnos la irrupción de la tormenta fosca que nos invitó a la deflagración eterna del nazareno.
Throne of Evil es un canto de trémolos siniestros, flemáticos y pétreos, que van desde la amenaza más lenta y fatal a un asalto furioso y total, vociferaciones con ínfulas faustas que proclamaron a las sombras, a la perversidad y a las entidades que nos inundan del brillo inmundo que contiene la imperecedera malignidad.
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DIES IRAE

La entidad insana nos hizo conmemorar parajes de color rojo sangre volviéndose cada vez más densa con cada golpe expelido de esa maquina del infierno, sones en plena conexión con la oscuridad infecta, los ecos malditos nos hicieron habitar rincones aún inexplorados por aquellos malditos que vienen con sus cruces pregonando.
Dies Irae nos recordó que en cualquier momento sucumbirás acabando en los brazos de la muerte en un bestial final, extingiendo el tiempo, en cada riff la claustrofobia dominó al carente de temple, ya que no existe salida ni menos el perdón, fue la muerte asechando en cada rincón.
Los guturales infernales fueron lacerantes a cada instante, es con aquel machacar incesante los cuerpos de aquella horda de pestilentes se nutrieron con metal lleno de muerte. fue ahí donde el lapso de vida llegó a su final y solo nos quedó por aceptar ese martirio que se vuelve ritual.
Es con aquellos infectos sones que Dies Irae emponzoñó cada segundo del RBX, haciendo estremecer hasta el que se cree más fuerte, ya que la sangre fue la compañera que humecto nuestros pensamientos llevándonos por esas elucubraciones que para algunos pueden ser enfermizas y repugnantes, más para nosotros son el aliciente diario que nos hace navegar en un mar sin calma, pensando en el próximo paso que abrirá nuevos caminos que estimulan hasta la carne en llamas.
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HORNA

Desde que nos atacaron los primeros acordes todo a nuestro alrededor se siguió tiñendo de un negro aún más infinito, oscuridad perenne que colmó los sentidos e hizo mermar los pensamientos, Horna fue un torbellino de lobreguez fausta, que a través de riffs descarnados y vocales angustiantes nos llevaron a un recorrido por escenarios que solo los llena el vacío.
Dolor, pesar, desgarro, introspección profunda, llena de una arcaica melodía, que fue desgarrando la piel, hasta carcomer los huesos con un roer infinito que llegó a invadir todos nuestros sentidos. Horna nos entregó un metal negro colmado de una atmosfera sombría, que nos llevó hacía una introspección profunda en dónde nos llama a tomar las armas para seguir destruyendo ese imperio fausto que levantaron hombres ordinarios, en dónde las preguntas se dispersaron en el candor de riffs furiosos y paganos, que nos acercaron aún más a esas desoladas y funestas tierras en dónde la oscuridad por siempre reina.
Destrozando los cimientos de los dogmas, se conjugaron los riffs endemoniados que fueron apabullantes, llenos de velocidad lacerante que con llevó a la masacre ejecutada, fusionando ese torbellino lleno de brutalidad extrema, vocales foscas, son el arpegio para seguir con el ritual, cruento del sonido siendo demoledor, continuando el demencial ritmo que entrego a cada uno de los temas con una atmósfera cruda y bestial, Horda es un verdadero torbellino provocado por el caos y la creación. Todo lo que salió desde el escenario fueron vociferaciones llenas de odio y aborrecimiento, que nos llevaron a detestar el maldito mundo que pisamos, colmando con el veneno mortal para seguir con el ceremonial en donde el fuego negro se abrió paso con intensos riffs que fueron los machacadores de soleados días tiñéndolos del canto funesto de la oscuridad que hicieron llorar a un cielo que pareció naufragar.
Sólida presentación logrando que la sangre infecta fluya de manera natural, entregando riffs que por momentos nos hicieron estar en un trance hipnótico de headbanding, Horna ofreció muy pocos puntos de respiro, en cambio, nos desbordó con dentelladas llenas de furiosidad inagotable.
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