LITICA
EL PROYECTO QUE CONVIERTE LA MEMORIA DE LA FAUNA EXTINTA EN MÚSICA
Desde las montañas del sur de Costa Rica, un proyecto solitario convierte la memoria de la megafauna extinta en una ceremonia de percusión, voces primitivas y atmósferas que parecen llegar desde antes de la historia.

Hay épocas que no dejaron canciones, pero sí huesos. Restos de criaturas colosales que alguna vez caminaron por el continente americano, cuando la supervivencia humana dependía de enfrentarse a un mundo donde la naturaleza no conocía la piedad. Desde ese territorio remoto, entre la evidencia fósil y la imaginación ancestral, emerge LÍTICA, un proyecto musical que busca reconstruir sonoramente una era desaparecida.
Detrás de esta propuesta está Mauricio Gamboa, quien trabaja en solitario desde San Vito, un pequeño pueblo enclavado en las montañas del sur de Costa Rica. Lejos de presentarse como un músico profesional, Gamboa describe su proyecto como una pequeña locura que comenzó con los recursos disponibles: tambores tribales, micrófonos, un controlador MIDI aprendido sobre la marcha y un espacio doméstico adaptado para registrar sus propias exploraciones sonoras.

Pero lo que podría parecer un experimento improvisado encuentra su razón de ser en una pregunta inquietante: ¿Cómo habría sido salir a cazar hace 14.000 años, sabiendo que el paisaje también pertenecía a depredadores y gigantes desaparecidos? Osos de cara corta, tigres dientes de sable, gliptodontes y megaterios forman parte del imaginario que alimenta esta propuesta. No se trata solamente de evocar animales extintos, sino de imaginar la experiencia de quienes compartieron con ellos un continente radicalmente distinto al nuestro.
La elección de los instrumentos responde directamente a esa visión. La percusión y las voces constituyen el núcleo de LÍTICA, acompañadas por discretas capas de teclados que envuelven las composiciones en una atmósfera primitiva y envolvente. El resultado busca sugerir un tiempo anterior a las ciudades, a los registros escritos y a las certezas de la historia: un mundo donde cada sonido pudo significar alimento, peligro o supervivencia.
El nombre LÍTICA parece resonar con esa misma materia ancestral: la piedra como herramienta, vestigio y testigo silencioso de una humanidad que aprendía a sobrevivir en un entorno indomable. Su propuesta se sitúa en ese espacio imaginario donde la música deja de ser únicamente entretenimiento para convertirse en una forma de arqueología emocional.
En una escena donde los proyectos pueden construirse alrededor de grandes estudios y formaciones numerosas, LÍTICA comienza desde el extremo opuesto: una persona, un puñado de instrumentos y una fascinación por los capítulos más remotos de nuestra existencia. Su valor está precisamente en esa búsqueda artesanal, todavía abierta, que no pretende ofrecer una reconstrucción definitiva del pasado, sino despertar la sensación de haber estado allí.
Porque antes de los imperios, antes de las fronteras y antes de que alguien pudiera escribir nuestra historia, hubo noches en las que el fuego era una barrera frágil frente a la oscuridad. Más allá de ella, algo enorme podía estar respirando.
LÍTICA apenas comienza. Y sus primeros tambores parecen anunciar que el pasado todavía tiene dientes.
